A. J. Tortillas de harina
El sabor sonorense al alcance de su paladar

    La Tortilla Quemada 

     

     

            Había una vez un hombre siempre afanado por el trabajo de tortillero e inmensamente rico. Desgraciadamente, para él no existía más que una idea fija: ganar más y más dinero. Cuando los pobres acudían a él para pedirle una limosna los echaba a gritos diciéndoles: -¡SI quieren ser ricos trabajen como yo ... Pero un día le llegó la hora de morir y al llegar a la otra vida se encontró con que la habitación que se le había reservado estaba totalmente desnuda y vacía. Y se puso a protestar y lloriquear: -¿Y qué voy a hacer yo en este cuarto sin ninguna provisión? Se le acercó un ángel: - ¿No tienes provisiones? -le dijo- la razón es que tú no has hecho nada mientras vivías en la tierra, si hubieras sido prevenido, ahora encontrarías lo necesario. El hombre aquel comenzó a suplicarle al ángel: -Por favor ten compasión de mí. He sido tonto. No preví nada. Pero si fueras tan amable de decirle a Dios me que concediera sobrevivir un breve plazo de nuevo en la tierra, estoy seguro que corregiría mi error. El ángel obtuvo para él un plazo de dos meses y el hombre volvió a la tierra. Enseguida comenzó a comprar toneladas de harina, de sal, de mantecas, miles de litros de agua, Contrató a todas las mujeres del lugar para que le preparen grandes cantidades de Tortillas para tacos, tortillas de mesa y buñuelos. Docenas de Tortilleros trabajaron día y noche para cocer en los comales todo lo que preparaban las mujeres. El hombre se frotaba las manos de gusto. -Ahora se decía no me faltará nada para pasar bien la eternidad. En éstas, y cuando solamente te faltaba un día para que se le terminara el plazo concedido, un mendigo se presentó pidiendo algo de comer. El hombre miró a su alrededor y eligió una tortilla negruzca, quemada, la peor de todas y se lo dio. En la fecha fijada se presentó el ángel. - ¿Estás ya preparado? y le condujo a la habitación de la eternidad. El hombre creía que iba a encontrar allí todas las provisiones que había preparado con tantos cuidados, pero su sorpresa fue grande cuando allí solamente halló la tortilla quemada que había dado al mendigo.
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